Capacitación en México
Como una de las principales economías latinoamericanas (junto con Brasil) el país con más número de tratados de libre comercio, México ha experimentado grandes cambios en materia de la capacitación en los últimos 25 años.
En los ’70 con una economía cerrada y escasa competencia, las compañías mexicanas no hacían demasiado esfuerzo ni tenían interés en desarrollar a sus empleados.
Los ascensos eran inusuales y a menudo estaban basados en redes de contacto o en relaciones interpersonales más que en el desempeño.
Hasta ese momento la forma más usual para un nuevo empleado para aprender su trabajo era mediante el “sistema de aprendiz”. En otras palabras se le asignaba un mentor (a menudo un antigüo trabajador que no tenía idea de como transmitir el conocimiento) y así trataba de “agarrar lo que podía”. Otro método popular fue lo que se conoce como “Sumérgelo en el agua. Si puede nadar, sobreviriá. Si no…”
La situación comenzó a cambiar en 1978, cuando el Presidente mexicano José López Portillo, se dio cuenta de la necesidad de incrementar el nivel de productividad industrial del país, entonces aprobó varias leyes para la legislación laboral mexicana.
Estas nuevas leyes fueron conocidas como “Ley Entrenamiento”, que establecían la obligación de cada empleador mexicano de proveer entrenamiento formal y adecuado para cada uno de sus trabajadores.
Establecía regulaciones para las necesidades de capacitación, planes de formación anuales, certificación de instructores, etc. Con el explosivo crecimiento indsutrial durante los ’90, durante la implementación del NAFTA (Tratado de Libre Comercio de Norte América), la necesidad de capacitación profesional se volvió obligatoria.
Muchas fábricas mexicanas empezaron el camino hacia la certifición ISO, buscando reconocimiento internacional.
El aumento de la inversión extranjera en México también provocó otros tipos de entrenamiento como programas trans culturales y capacitación directiva.
Leer más en: Breve análisis sobre la capacitación en México
En las sociedades antiguas no existía ni se concebía un proceso formal de enseñanza para el trabajo, ya que el conocimiento se transmitía de manera directa: los más experimentados enseñaban todo lo necesario para desempeñar un oficio a quienes, a través de un tiempo de aprendizaje, podían hacerse responsables del trabajo.
En el contexto de la organización social, económica y religiosa de los aztecas encontramos que ya existía una educación para el trabajo en el tepochcalli y el calmecac, comúnmente conocidos como centros de entrenamiento de los jóvenes de la ciudad en las artes militares, la religión y la disciplina, y que también desempeñaron el papel de adiestrar a los jóvenes en el trabajo.
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Nuestro país tiene una calificación de 5.16 en cuanto a la importancia que le otorgan las empresas a la capacitación, en tanto que de acuerdo con la disponibilidad de trabajadores capacitados en el mercado laboral obtuvimos una calificación de 5.93.
Esto ubica a la fuerza laboral mexicana y a la eficiencia con que las empresas pueden conducirse, en una clara desventaja con respecto a la mayoría de los países con los que competimos en los mercados internacionales, señaló el Centro de Estudios Económicos del Sector Privado (CEESP) en su estudio “La capacitación de la mano de obra y la competitividad”.
Datos del Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática (INEGI) levantados durante el año 2001 corroboran la misma tendencia.
Leer más en: En México la capacitación no es prioridad






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