El síndrome del burn out

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El trabajo es un campo en el que podemos desarrollar nuestra personalidad. Aunque pueda resultar monótono o repetitivo, siempre habrá aspectos nuevos a descubrir por pequeños que sean. Esa capacidad para desarrollar nuestra personalidad implica imaginación, esfuerzo y deseo por mejorar.

Mejorar en nuestro trabajo supone ganar en perfección y eficacia. Esa eficacia no sólo debe medirse en términos cuantitativos sino cualitativos. Debemos avanzar en rendimiento, y de esta manera conseguir una mayor cantidad de objetivos cumplidos. Unos objetivos que deberíamos intentar alcanzar de manera lineal, sin dejar tareas o labores no finalizadas. Esto supone tener orden en la agenda y evitar la acumulación de trabajo incompleto. Es muy importante no abandonar una tarea poco atractiva en cuanto se vislumbra una más apetecible en el horizonte.

El orden en forma de programación de objetivos es importante para ganar eficacia en el trabajo. Se trata de poner “señales de tráfico” que nos permitan regular las tareas, que se pueden clasificar por temas, importancia, urgencia, etc. Somos cada uno de nosotros quines tenemos que establecer ese catálogo clasificatorio, aunque, en ocasiones, esa estructura puede venir determinada por otras personas (mandos o superiores). En los dos supuestos, el esquema debe ser real, es decir, adaptado a nuestras capacidades, y dinámico. No podemos llenar nuestro trabajo con una serie de objetivos que sabemos de antemano que no vamos a ser capaces de cumplir.

El perfeccionismo excesivo, la autoexigencia sin límites, no son buenos compañeros de viaje. Por supuesto, esa capacidad podrá cambiar según muchas variables, físicas o psíquicas. No debemos engañarnos, nuestra capacidad para conseguir una jornada laboral fructífera implica unas condiciones físicas y psíquicas óptimas. Un adecuado descanso así como una correcta nutrición influye en nuestro rendimiento.

El descanso físico nocturno se debe respetar. Un breve período de descanso en mitad de la jornada también puede ser recomendable y beneficioso a la hora de encauzar el trabajo de la tarde. Por otro lado, la dieta excesivamente grasa o rica en azúcares de liberación rápida puede producir un inadecuado aporte calórico y energético que no rellena de forma conveniente las reservas que a lo largo del día tendremos que utilizar. Las condiciones psíquicas pueden ser importantes a la hora de mantener un alto grado de rendimiento en el trabajo. Estas condiciones tienen una vertiente afectiva importante, relacionada directa o indirectamente con el trabajo. La ausencia de preocupaciones o, mejor dicho, una buena tolerancia a las mismas puede suponer una gran ayuda. En este sentido, la presencia de una estabilidad en nuestro entorno afectivo nos permite enfrentarnos mejor a los pequeños fracasos que pueden suceder en nuestro ámbito laboral. También son importantes unas buenas relaciones laborales con nuestros compañeros de trabajo y con los superiores, que nos dan una mayor estabilidad y, consecuentemente, una mejor eficacia.

El burn out

Existe un problema que cada vez se detecta con mayor frecuencia. Es el síndrome del burn out o de la persona “quemada” en el trabajo. Este síndrome fue descrito por primera vez en 1974 por Freudenberger al describir una serie de manifestaciones que observaba entre un grupo de voluntarios que se encargaban de atender a toxicómanos.

Existen diversas estadísticas que advierten una mayor incidencia en ciertas profesiones. Se ha observado la existencia de un mayor riesgo en aquellos profesionales sometidos a una excesiva tensión, por la labor que realizan o por el exceso de trabajo. De forma habitual, este síndrome se ha descrito en relación con las profesiones sanitarias, docentes o funcionarios y policías. Además, no todas las personas pueden verse afectadas de igual forma. En alguna publicación se advierte sobre el mayor riesgo de desarrollar este síndrome en los jóvenes, mujeres o solteros.
Causas del síndrome del burn out
El origen de este problema es complejo y susceptible de ser enfocado de distintas maneras. Es consecuencia habitualmente de un desequilibrio entre el esfuerzo dedicado a desarrollar nuestra labor, la gratificación que recibimos y nuestra capacidad para desplegar o tolerar ese esfuerzo exigido.

El esfuerzo que dedicamos a realizar nuestro trabajo supone un desgaste físico y psíquico. Existe un cansancio que debemos reparar para continuar con el trabajo. Podemos ser en parte culpables cuando no ponemos el esfuerzo necesario en cuidar ese descanso que nos permitirá recomenzar la labor. De hecho, en muchas ocasiones este síndrome aparece en relación con las jornadas laborales excesivas. Puede ocurrir también que el esfuerzo exigido supere nuestra capacidad. Sobre todo, cuando la cantidad de trabajo comienza a acumularse y perdemos el norte en nuestra agenda o en la labor que realizamos. Entramos en una situación peligrosa en la cual la tensión generada por la presión ejercida nos supera ampliamente. Desarrollamos una labor o tarea por encima de nuestras posibilidades, y lo que es peor, sin que consigamos un buen nivel de efectividad. Si esta situación se prolonga a lo largo del tiempo, tardaremos más o menos según nuestra capacidad de tolerancia, pero acabaremos cayendo en un estado de desorden y tensión continua.

La gratificación recibida por nuestro trabajo es económica, por su puesto, pero también psíquica o emocional. Es decir, desarrollar un trabajo supone una sensación de plenitud y realización que depende de diversos factores. Será mayor o menor dependiendo de si el trabajo nos gusta o no, o de nuestras posibilidades de progresar, o simplemente de nuestra capacidad para poder mejorarlo. Cuando el trabajo no nos devuelve de forma gratificante el esfuerzo que nos ha exigido, nos resultará ajeno y desagradable, lo cual genera también tensión y sensación de incomodidad.

Manifestaciones del síndrome del burn out

Las manifestaciones que conlleva ese síndrome son muy variadas. Pueden producirse problemas de sueño o insomnio, cambios en la personalidad o en el estado de ánimo. La calidad del descanso se deteriora, lo cual puede a su vez actuar como otro factor desestabilizador. Podemos observar una mayor tensión que incluso puede llevar a conductas violentas con reacciones desmedidas frente a cualquier estímulo. El estado de ánimo suele afectarse, adquiriendo incluso tintes de depresión o ansiedad. Se advierte una importante actitud negativa frente a nosotros mismos y frente al trabajo. También se aprecia a veces una conducta de aislamiento gradual frente a otros compañeros o personas próximas. Ese distanciamiento puede generar, incluso, absentismo laboral. Tampoco son desdeñables las manifestaciones físicas de estos problemas. Así, es habitual la sensación de cansancio excesivo que progresivamente invade nuestro trabajo y contagia el resto de nuestras actividades extralaborales. El exceso de tensión puede provocar cuadros de palpitaciones, dolores de cabeza o molestias cervicales, cambios en el ritmo intestinal, pérdida de apetito o sensación de plenitud, e incluso meteorismo o aereofagia por la deglución excesiva de aire. Además, pueden manifestarse otros problemas como pérdida de cabello o problemas en las relaciones.
Soluciones al síndrome burn out

No existe una única solución a este problema, ni su resolución depende exclusivamente de la acción de unos determinados fármacos. Como ocurre habitualmente, para mejorar es preciso actuar sobre la causa. En ese sentido debemos intervenir a nivel personal o en el trabajo. Por supuesto, no es fácil cambiar las condiciones de trabajo, y para ello debemos contar con los responsables. El descanso debe estar asegurado, así como un cierto orden en nuestra vida. El ejercicio físico regular y aeróbico nos aporta múltiples beneficios. Debemos poner esfuerzo en conseguir esa estabilidad emocional en relación al trabajo o en lo que nos afecta fuera de él. Por último, procuraremos ponernos en manos de especialistas o personas preparadas para afrontar este problema. Por supuesto, no se puede descartar una ayuda farmacológica, pero siempre de la mano de un personal facultativo convenientemente preparado.

Fuente: www.navactiva.com

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