Cinco señales de que no debes contratar a un candidato
1. Llega tarde a la entrevista
Quien llega tarde a una entrevista de trabajo, llegará tarde a una reunión con un cliente. Y será informal en otras cosas. La entrevista le interesa sobre todo a él, que quiere conseguir el empleo, y no es capaz de dedicar un rato el día antes para visitar tu empresa y calcular cuanto tardará en llegar. Ni siquiera es capaz de salir con tiempo suficiente el mismo día de la entrevista.
¿Crees que va a preparar adecuadamente una reunión con un cliente de la que no obtendrá un beneficio directo? ¿Crees que va a importarle llegar tarde, o no tener un trabajo preparado a tiempo?
Siempre puede haber imprevistos, y situaciones excepcionales. Pero en ese caso el candidato debe llamar por teléfono y dar una explicación convincente. No vale “hay un atasco” o “no encuentro sitio para aparcar”, porque eso solo demuestra que no has planificado bien el tiempo que necesitabas para llegar.
2. No tiene preguntas sobre tu empresa
Si cuando le explicas a qué se dedica tu empresa, qué la hace diferente y por qué es estupendo trabajar en ella el candidato se queda con cara de vaca mirando al tren, no te conviene. Si solo pregunta acerca del horario, las vacaciones, si tendrá que viajar y si hay tickets restaurante, es todavía peor.
En una gran empresa a lo mejor puedes permitirte el lujo de contar con empleados que se limiten a cumplir. Una empresa pequeña necesita gente que esté entusiasmada por lo que hace, que crea que aporta algo, que se sienta parte de un equipo. Necesitas contar con un equipo dispuesto a quedarse una noche trabajando sin dormir para preparar una demo a un cliente. Necesitas gente que llegue por la mañana diciendo “ayer estaba leyendo tal cosa, y se me ha ocurrido que podríamos…”. Necesitas gente que hable con orgullo de la empresa en la que trabaja, y no solo para quejarse de lo que le explotan o de lo poco que le pagan.
¿Es pedir demasiado? Tal vez este criterio elimine al 75% o más de los posibles candidatos. Pero más vale tardar un poco más en crecer que incorporar a personas que no van a aportar un valor extraordinario a tu empresa.
3. No muestra entusiasmo por lo que ha hecho anteriormente
Una vez entrevisté a un candidato que no tenía experiencia profesional. Se había dedicado a hacer un doctorado. Intenté que me hablara de su experiencia, con una pregunta abierta del tipo “¿de qué trataba tu tesis?”. Y me respondió con una frase escueta acerca de simular no se qué tipo de procesos. Intenté animarle a que explicara algo más: “¿utilizabas modelos matemáticos?”. Y por toda respuesta obtuve un sí. Punto.
Vamos a ver. A un tipo que se ha pasado dos o tres años dedicado a un proyecto le das la oportunidad de hablar de él ¿y no es capaz de demostrar lo importante que ha sido ese trabajo, lo interesante de las conclusiones, las repercusiones que podría tener una aplicación comercial, lo mucho que ha aprendido en ese tiempo?
Aunque el candidato esté optando a un puesto técnico, antes o después tendrá una reunión con un cliente, y tendrá que explicar qué ventajas tiene tu producto. ¿Qué crees que va a hacer? ¿Será capaz de convencerle de lo fabulosa que es tu tecnología o de los increíbles beneficios que obtendrá si te contrata? Y no se trata de que un técnico tenga que mentir ni que exagerar como un comercial de medio pelo, pero sí tiene que demostrar que cree en lo que dice, y para eso es imprescindible que demuestre interés.
4. Solo quiere sueldo fijo
Si le propones que una parte de su sueldo sea variable, y prefiere cobrar menos pero que sus ingresos sean constantes, tampoco es tu candidato. Esa es una señal de que en el mejor de los casos está dispuesto a hacer el mínimo para el que se le contrata, pero que no está dispuesto a tener ningún compromiso con los resultados de la empresa.
Debería ser evidente para alguien que aspira a entrar en una empresa de 20, 10 o menos empleados que de su trabajo depende la propia supervivencia de la empresa, y que si entra a trabajar en ella tiene que tener el máximo interés en que a la empresa le vaya bien, porque va en ello la estabilidad de su puesto de trabajo. Y en justa contrapartida debe aspirar a que se reconozca su aportación, y a recoger parte de los beneficios si consigue que las cosas vayan bien.
Desgraciadamente, en muchos casos no es así. Para demasiada gente la empresa es un ente con recursos infinitos, que tiene que pagarle todos los meses simplemente por ir a trabajar, independientemente de lo que produzca. Y esto es letal para una pequeña empresa, que normalmente tiene que hacer juegos malabares para pagar todas las facturas.
5. Menciona el convenio que se aplica en tu sector
A lo mejor alguien se me echa encima por decir esto, pero este tipo de comentarios demuestra que el candidato es o un sindicalista en potencia o un legalista. Y no puedes permitirte el lujo de contratar a ninguno de los dos.
Alguna vez vas a necesitar que tus empleados hagan algo que no aparece en su contrato, o en el convenio por el que se regula tu sector: tendrán que trabajar más horas, tendrán que desarrollar funciones diferentes, tendrán que viajar o cualquier otra cosa. Si cuando tienes una necesidad urgente en lugar de responder con entusiasmo te encuentras con que te sacan el convenio, tienes un grave problema.
Lo que necesita una pequeña empresa son “todoterrenos”, dispuestos a asumir retos y a dar un paso al frente cuando se necesitan voluntarios. Que luego pueden exigir compensaciones, claro está, pero que en el momento de crisis sean un activo y no un problema añadido.
En resumen: cuídate bien de contratar a la persona equivocada, porque es más difícil deshacerte de un empleado perjudicial que de un cónyuge que ya no te satisface.
Fuente: desencadenado.com







Leave a Reply